jueves, 9 de octubre de 2014

Cuando Stalker comenzaba con apenas un taladro, una prensa de madera y una impresora incesante.
Hermosa foto, gentileza de Vox Noctis. Gracias.

lunes, 30 de junio de 2014

Bonito de filodendros. Libro de Julio.

BONITO DE FILODENDROS

Cansado de mirar afuera
He decidido chucear tan sólo a mi fantasma
Bonito de filodendros
No necesita gran luz ni de especiales cuidados
Sólo una frescura levemente húmeda
Sólo un poco de rocío por las nochecitas
Sólo una pizca de almizcles vitamínicos
Espectro trepador y a duras penas circulante
Adagios de meditaciones trascendentales
Recorren tus nervaduras intangibles
Pero filosas como un hacha para mi asombro
Transido de pena
Y recurrente de ofidios imaginarios
Es tan grande el bosque
Todo está tan a trasmano
Que únicamente me queda
Impulsar la savia hacia arriba con todo y
metástasis
Que únicamente me queda
Sublimar de la tierra proteínas
En pos de una fotosíntesis que sintetice eso
Que debo desde que el mundo es mundo
A mi arborescencia tan queda en su luz
A mi detritus vegetal que según advierto
Polinizará sin flores ni epitafios
Allí donde el viento no me alcanza
Estoy ciego de frondas
Estoy limpio de toda humana metralla
He visto demasiada gente morir en la maraña

Libro completo para descarga: http://es.scribd.com/doc/232020986/Asesinando-Cadaveres-pdf

Gabriel Cebrián
25/05/1958- 01/07/2013

Foto: Marcelita Crusat 

martes, 29 de abril de 2014

Primer libro de cuentos

“El sueño de la Mandarina”, Gabriel Cebrián, Stalker, 1999.

Conjugar burla, erudición y lunfardo es un juego sutil que Gabriel Cebrián pone al descubierto en cada relato de este magnífico sueño frutal. Pero si a este juego sutil se le agrega talento expresivo y riqueza estilística, el resultado es óptimo. Los cuentos de Cebrián representan de tal modo un vertiginoso cruce de Martin Buber con Tu-sam, de Jacobs con el mismísimo Cebrián o Woody Allen enfrascado en el Tony o D´Artagnan por algún boliche de 7 y 60 o por la plazoleta Benito Lynch. Ironía, frescura, profundidad, los tipos que maneja este escritor platense que de aquí en más habrá que considerar muy seriamente, resultan deslumbrantes. Algunos cuentos imperdibles: el de la mandarina (tányerin drim, a toda banda); M´Bowa; Malas traducciones de George Trakl; La clave es Eróstrato; La podrida y Un tipo bastante liviano. El macedoniano prólogo es felizmente un cuento tan poderoso que, como el zapallo o la mandarina, debe seguir creciendo en cada lector. Gabriel Báñez. Diario El Día. 



jueves, 20 de febrero de 2014

Un vilano al viento



Soplo un vilano de DIENTE DE LEÓN y veo a las semillitas diseminarse plácidamente en vientos ascendentes que quién sabe adónde las conducirán a desarrollar su amarilla y efímera sexualidad, y pienso que la pluma de la naturaleza descansa en su carácter trascendental e inmanente, y luego me pregunto si no es cuestión de codificar esa frecuencia, o al menos intentarlo, para asegurar un trazo mínimamente topográfico en términos de percepción, extender 


as long as I can

los lúbricos fermentos perceptuales en una franca apuesta a instancias superiores de conciencia, contra la banca del inmenso mar e mágnum alucinatorio que rodea el misterio y reduce estos tímidos balbuceos a su entidad real, ésto es, la idea, la esencia del abstracto tejiendo afanosamente su viejo cordel de brisa en medio de la omnipresente tempestad, entre silencios disfrazados por su propia mueca insignificante y dramática si no fuese por exigua incluso respecto de lo nimio, que hace guiños desde el fondo de mi vaso. En todo caso, sepan disculpar, siempre que tomo de más me inmiscuyo en este tipo de lucubraciones y luego no sé hacia dónde salir. Porque... ¿qué hay más a mano que las ineluctables magnitudes de lo eterno? 


Extracto del libro Diente de León. Gabriel Cebrián - Nestor Dickinson. Editorial Stalker, 2001. 

Presentación

Hace días que pensaba como iniciar esta breve presentación y voy a recurrir a la palabra más trillada de la historia: Hola.
Mi nombre durante muchos años fue Gabriel Simioli, pero de un tiempo a esta parte preferí utilizar otro de los apellidos familares, Cebrián, para firmar cuanta cosa-producción de mi autoría fue surgiendo. Un nombre artístico o de incógnito, que le dicen. Recapitulando, Hola. SOY Gabriel Simioli Cebrián.
Para muchos habré sido un hombre común, de esos que deambulan por las diagonales platenses -algo taciturno- y que no abría la boca si no se sentía a gusto con el entorno en donde se encontraba. Patee la ciudad rumbo a mi trabajo de oficina, me casé, desayuné café cortado, viajé, transcurrí. Seguramente aquellos eventuales interlocutores cotidianos de rutas habituales no repararán en mi ausencia al cruzar el bosque todas las mañanas. Ni los vendedores de puchos en los kioscos de camino.
Pero para muchos otros tantos fui bastante más que eso. Y ellos sí me extrañan todos los días un poco más, cuando la brecha de tiempo se vuelve infranqueable y las imágenes pierden sus contornos desde la otra orilla.
Fui amigo, de esos entrañables que siempre tienen la casa abierta para recibir gente a toda hora. Aprendí a escuchar y apuntalar, mientras compartimos un vino con mi nuevo disco favorito de fondo. Tuve discos favoritos cada semana. Fui bastante melómano, por cierto. Imposible no pensarme con música de fondo. En fin, me procuré y compartí recreos felices, de esos completa y absolutamente necesarios.
Tal vez alguna noche no haya podido atenderlos como debiera, ustedes imaginarán como es eso que la inspiración te sorprenda un viernes. Solo entonces me permití apagar teléfonos y orejas y me senté a escribir por horas en una pc vieja y achacosa. Aún hoy sigue ahí, en el escritorio de la salita de grabación, atiborrada de borradores y fotos de viajes. En definitiva, disfruté mucho de mis momentos en soledad, cuaderno en mano, vaso en la otra, pergeñado alguna letra de canción que todavía andará escondida en algún cajón de mi última casa.
Creo que fui un tipo afortunado. Mucha gente alrededor me quiso. Mucha. No creo haber verbalizado yo algún sentimiento de este tipo alguna vez, pero supongo que con los gestos podría percibirse el aprecio. Estar para el otro fue mi forma de decir lo mismo sin decir. Hosco, puede que así haya sido, si.
Aunque no siempre la suerte/azar/karma o como lo quieran llamar, estuvo de mi lado, luego de mucha elaboración aprendí a sacarle el jugo a las cosas. Dudo que alguien me recuerde triste o abatido, salvo contadas y obvias excepciones.
Tal vez por eso me enoje ahora, cuando veo las flaquezas de Julia. Desde chica fue muy llorona. Uno siempre aspira a hacer las cosas de la mejor manera y ahí sí que me esmeré. Mis hijas me recuerdan por Asterix, Sherezade, Patoruzú, Elige tu propia aventura. Esas eran mis sorpresas para navidades, días del niño, cumpleaños. Cuando la economía fue magra no me preocupé: siempre pensé que los libros son EL mejor de los regalos y procuré alguno para cada ocasión. Me gustó siempre cocinar aunque solamente cuando tenía ganas de meterme en la cocina. Así que allí me acomodaba mientras Julia intentaba leer de corrido algún cuento de Borges en voz alta, para acompañarme. Hasta hoy nunca supe los nervios que le daban esos textos. Claro, era chica y quería que la narración estuviera a la altura. A veces fui bastante exigente pero hoy las dos me dan gracias por eso. Eso sí lo supe.
Tal vez por ello una de ellas se tome esta terrible atribución, además. Claro, es ella quien habla por mí, a través de mí. Yo jamás hubiera hablado de mis aptitudes ni en estos términos de mi persona. Nunca diría de mí mismo que fui un tipo increíble. Pero algo bueno debo haber tenido, sospecho, para generar tantas demostraciones de amor en este último tiempo. Es por eso que Julia, Gabriela y Marcelita decidieron armar este espacio para compartirme. Como mi trabajo fue en su mayoría artesanal y bastante reacio, por cierto, a exponerme, mis libros no están por ningún lado ya. Y gente amiga y querida anda escribiendo, buscándolos por ahí. Así que acá están a disposición. Cómo dejar que lo que fue parte de mí y mi vínculo con el mundo entero se pierda en un .doc irrecuperable. Ellas no vas a permitir que eso suceda.
El tiempo ha sido breve. Puta, que injusto esto de quedarse con tanto en el tintero!. Pero no se puede decir que no lo he aprovechado. Han sido unos 55 años escurridos.

Gabrielito les quedó debiendo el abrazo, pero sepan que a mi viejo las despedidas lo hacían pucherear y eso no le hubiera gustado.



Julia

Se dice por ahí que he muerto
Y tal vez sea verdad, no sé
Es sólo que aún siento mis piernas inclinarse en los caminos
Las pupilas encendidas
Los dolores en el cuerpo y en el alma
La necesidad de hablar
Las estéticas celestes a ciento ochenta grados
La liturgia de mi extraño credo pagano
Las suturas que tiran en cada elongación
Las ansias de estar ebrio
Los ecos de los cuentos que alguna vez he contado
Lo sobrecogedor del silencio
Las manos vacías, gracias al cielo vacías
Lo tenaz de las preguntas sin respuesta
Y aferradas a mi carne como anzuelos
Las utopías
Se dice por ahí que he muerto
Y tal vez sea verdad, no sé
La cosa es que como una suerte de crucificado
A quien han arrebatado su cruz
Me despojo incluso de los clavos
Y del dolor y del escarnio
Y observo en la distancia a mis ojos
Que tan lejos me llevaron alguna vez
Tan lejos que ya casi ni puedo soñarlos

La muerte es efímero alimento
La vida un suceder continuo de señuelos
Y lo de en medio un híbrido estupefaciente
Voraz, excéntrico, lúbrico y equidistante
Un tironeo loco entre ambas vorágines
Del que me he salido
Tal vez sea cierto entonces eso de que he muerto
Y también posible que no me haya percatado
Ya que todo cuanto me ha sido grato algún día
Viene hacia mí dulcemente
Y camina a mi lado con pisadas tenues
Como la tarde.


Mi PAPÁ.