“El sueño de la Mandarina”, Gabriel Cebrián,
Stalker, 1999.
Conjugar burla, erudición y lunfardo es un
juego sutil que Gabriel Cebrián pone al descubierto en cada relato de este magnífico
sueño frutal. Pero si a este juego sutil se le agrega talento expresivo y
riqueza estilística, el resultado es óptimo. Los cuentos de Cebrián representan
de tal modo un vertiginoso cruce de Martin Buber con Tu-sam, de Jacobs con el
mismísimo Cebrián o Woody Allen enfrascado en el Tony o D´Artagnan por algún
boliche de 7 y 60 o por la plazoleta Benito Lynch. Ironía, frescura, profundidad,
los tipos que maneja este escritor platense que de aquí en más habrá que considerar
muy seriamente, resultan deslumbrantes. Algunos cuentos imperdibles: el de la
mandarina (tányerin drim, a toda banda); M´Bowa; Malas traducciones de George
Trakl; La clave es Eróstrato; La podrida y Un tipo bastante liviano. El
macedoniano prólogo es felizmente un cuento tan poderoso que, como el zapallo o
la mandarina, debe seguir creciendo en cada lector. Gabriel Báñez. Diario El Día.
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